El mito de Pan y la ninfa Siringa.

        Pan es una divinidad menor, dios de los pastores y los rebaños.
Se le representa como un genio mitad hombre mitad animal. Su cara barbuda tiene una expresión de astucia bestial, llena de arrugas y su mentón es muy saliente. Tiene dos cuernos en la frente, el cuerpo velludo y los miembros inferiores son los de un macho cabrío, los pies con pezuñas y las patas fuertes y nerviosas.


En los bosques de la Arcadia, llevaba una vida tranquila y placentera. Hasta la llegada del mediodía cuidaba de sus rebaños, sus animales y sus colmenas. Entonces se echaba a dormir bajo la sombra de un árbol o al frescor de una fuente, y pobre de aquel que le despertase durante su siesta. Por las tardes, se escondía entre la vegetación con prodigioso sigilo para espiar a las ninfas, o las perseguía aprovechando su extraordinaria capacidad para correr y saltar por los peñascos.


A pesar de su aspecto semi-animal, Pan fue un exitoso seductor de ninfas. Entre sus víctimas se contaron Eco (la futura enamorada de Narciso), Eufema (la nodriza de las Musas) y Selene, a la que engaño disfrazándose con una piel de cabra e invitándola después a que montase en su grupa. 
        Siringa era una ninfa de la Arcadia que desdeñaba a cuantos faunos, sátiros y silenos la pretendían, y que se dedicaba a cazar con un arco de cuerno.

«En los gélidos montes de Arcadia había entre las hamadríadas de Nonacris una náyade famosísima, a quien las ninfas llamaban Siringa. Más de una vez ha­bía tenido que eludir el acoso de los sátiros o de cual­quiera de los otros dioses que habitan el sombrío bos­que o la fértil campiña; practicaba las mismas ocupa­ciones que la diosa de Ortigia, e igual que ella guardaba su virginidad. Vestida también a la manera de Diana, su aspecto se prestaba a confusión, y habrías podido pensar que se trataba de la hija de Latona si no fuera porque llevaba un arco de cuerno, mientras que el de la diosa es de oro. Aun así su aspecto enga­ñaba. Un día, Pan la vio cuando regresaba del monte Liceo, y con la cabeza coronada de punzantes hojas de pino dijo las siguientes palabras...»; y quedaban por re­latar sus palabras. La ninfa, despreciando los ha­lagos del dios, huyó por lugares inaccesibles hasta que llegó a la plácida corriente del are­noso Ladón; allí, al ver que las aguas le cerraban el paso, suplicó a sus hermanas, las ninfas del río, que le ayudaran. Ellas le transformaron en un cañaveral junto a la orilla del arroyo, de forma que Pan, cuando ya creía es­trechar a Siringa, tenía entre sus brazos en vez del cuerpo de la ninfa una mata de cañas; al suspirar el dios sobre ellas el aire produjo al atravesarlas un suave sonido, parecido a un lamento. Cautivado por este nuevo invento y por la dulzura del son, el dios dijo: «¡Esta será mi forma de hablar contigo!»; y así el instrumento hecho de cañas desiguales unidas con cera conservó el nombre de la muchacha.”   Ovidio, Metamorfosis I, 689

Pan enseña a Dafnis a hacer sonar la siringa o flauta de Pan. 



Como curiosidad: el compositor impresionista Claude Debussy compuso una obra pra flauta sola titulada Sirynx.

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